La cara detrás de la fotografía

Mi esposo tomó esta fotografía mientras intentaba hacer reír a mi bebé y que ya no llorara más, otra vez con fiebre pero ya en un hospital esperando que se le administrará un antibiótico, en fin… cuando mi pequeña de 11 meses estaba por entrar al quirófano, lloraba y lloraba por que tenía varias horas de ayuno, quería la leche de su mamá e indiscutible mente sabía que algo pasaría. 

Cuando le entregue al enfermero a mi bebé envuelta en una sábana, ella lloraba y así se dio la media vuelta y se la llevaron, yo le mandaba un beso y le dije todo estará bien, con una sonrisa; en Ese momento me voltee y mi mundo se detenía para hacerse cachitos, hacia Justo un año atrás entrábamos juntas al quirófano, pues la mejor manera para conocer su carita seria por una cesárea. Estábamos juntas, pero en esta ocasión fue diferente ella tenía que ser una guerrera, y enfrentarse a este procedimiento sola, sin mamá o papá para arrullarla, entro para resolver y mejorar su estado de salud. 

Quedarme dormida en una silla con mi bebé en brazos recién operada porque era la única postura en la que sentía cómoda, cada vez que entrada una enfermera o el doctor para realizar algún procedimiento cerraba si ojos, y la veía de frente y tomaba aire para llenarme de valor y de fuerza, me dolía verla sufrir, me dolía sentirá. Cerraba los ojos y le cantaba pues ella tiene que ver qué todo va a estar bien, ella quiere ver la cara de su mamá que le de paz… 

Cómo mamá jamás imagine pasar por esta situación, jamás imagine ver pasar a mi bebé por todos y cada uno de los pasos que hemos tenido que pasar; En ese momento sentía un nudo en la garganta y un hueco enorme en el estómago se llevaban a mi bebé y yo lo único que podía hacer era confiar el los doctores, le pedía a dios que les permitiera hacer su labor, y a la virgen María por su cuidado. Mi bebé estaría bien…

Poco después leí un comentario que decía “te ves muy tranquila” para lo que pasaría, en otra ocasión “tal vez me ofendería como si no me importara” y sinceramente no le di importancia pero entre mi pensaba, que bueno, me gusta que mi hija me vea así, que pueda contagiarle una sonrisa, que se de cuenta que todo estará bien que esto es pasajero y que vendrán tiempos mejores. 

Acá entre nos, estar en un hospital observando la sala de espera durante horas, contemplar los minutos y las llamadas por parte de los doctores para darnos buenas noticias; llevo tanto tiempo  llorando bajito, y a escondidas, llorando en el pecho de mi esposo y escucharlo a él, porque esto no es nada fácil. 

 

Me he quedado tirada en el sillón hasta quedarme dormida y que el llanto de alguno de mis hijos me despierte, trato de mantenerme cuerda y sacar lo positivo de todos los días, contemplo la llegada de los abrazos y las sonrisas al verme llegar a la habitación, me doy cuenta que cada minuto es único e invaluable, que no siempre tengo la misma paciencia o la misma cara de “superpoderes”. 

Entonces esta cara es de una mamá preocupada y ocupada, es una cara impaciente llena de dudas y temores, es un alma pensativa y receptiva, buscando lo positivo en las más mínimas cosas, disfrutando las películas en el sillón, las palomitas en la olla, el olor a hogar, el placer de dormir bajo unas cobijas y abrazada por todos lados, mis placeres de hoy son caminar descalza por la casa como es mi costumbre, deambular por la habitación con mi bebé en brazos y correr tras de mi hijo, disfrutar del olor de un chocolate caliente y una tanda de cosquillas en la cama. 

Definitivamente eso, eso es mi felicidad ; llenan mis días, los recuperan los llenar y recargan de fuerza, y energía misma que necesitaré al día siguiente o la madrugada siguiente. 

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